Conflicto armado en Colombia: un monstruo de mil cabezas que digiere a la niñez en un mismo estómago
- Laura TRUJILLO GARCIA
- 11 abr 2021
- 3 min de lectura
Actualizado: 14 abr 2021

La guerra en Colombia es una cuestión de herencia, una generación pasa a la otra el dolor y el odio necesarios para mantener a aquel monstruo que se nutre de sus propias víctimas engullendo generaciones enteras, y que mejor manera, si no es dejando su marca bien profunda desde las infancias.
Las niñas, niños y adolescentes han sido una buena inversión para los grupos armados ilegales durante décadas, mantenerles cuesta menos, suelen ser más obedientes y abrazar con más ahínco las ideas que se les ofrecen, además tienen cuerpos en desarrollo que se pueden preparar para la vida del combatiente, se adaptan con mayor facilidad a distintos escenarios y su reclutamiento es mucho más certero.
En el primer informe de víctimas de reclutamiento forzado a disposición de la JEP en el 2020, las palabras de Jacobo Arenas, historiador de las FARC-EP, describían esta cruda realidad en el diario resistencia de Marquetalia:
“Los jóvenes de 10 años en adelante juegan labor en tareas propias de su edad, como la organización de la Juventud revolucionaria. Un muchacho educado en la escuela de las luchas armadas revolucionarias es casi seguramente un buen guerrillero. Aquí en Marquetalia hay muchos guerrilleros que son peposos, que no temen en nada a los chulos y que dominan la táctica guerrillera a la maravilla. Desde niños han peleado contra nuestro enemigo” (tomado del diario El Tiempo, 2020).

Sin embargo, esa niñez y juventud que ha visto lo más crudo de la guerra no solo ha sido víctima de los grupos armados ilegales, sino también de un Estado que ha sido incapaz de garantizar sus DDHH e incluso ha pisoteado su condición de víctimas condenándoles a una muerte segura, como en los pasados bombardeos del 29 de agosto de 2019 en San Vicente del Caguán y del 2 de marzo de 2021 en el Guaviare, que dejaron alrededor de 21 decesos de menores de 18 años.
Por supuesto la niñez excombatiente también ha sido acogida en procesos de Desarme, Desmovilización y Reincorporación (DDR), 5.524 niñas, niños y adolescentes entre los 7 y los 17 años han sido vinculados en estos procesos entre el 2002 y el 2020 y, organizaciones como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) han desplegado esfuerzos desde 1997 que han sumado experiencias para que en la actualidad, tras el proceso y la firma de la paz en el 2016 con el gobierno de Santos, existan lineamientos y alianzas mejor encaminadas a restituir los derechos, reparar y reintegrar a las niñas, niños y adolescentes excombatientes a una vida civil.
Este proceso de DDR que rige hoy en día, llamado Camino Diferencial de Vida, acogió alrededor de 124 menores excombatientes de las FARC-EP en el 2017, de los cuales 89 han alcanzado su mayoría de edad y ahora hacen parte del proceso de reintegración de la Agencia de Reincorporación y Normalización (ARN), y por tanto, en el mismo periodo de tiempo la Organización de Naciones Unidas (ONU) declara haber contabilizado 559 nuevos reclutamientos forzados por parte de las disidencias de las FARC y otros grupos armados ilegales que prevalecen.
Lo que señala de nuevo a un gobierno que desea profundamente continuar con el conflicto armado, que no tiene la intención de hacer presencia estatal en los territorios más azotados por la guerra y, que cuenta con dirigentes que con sus propios odios y dolores contribuyen a que nuestro país siga respirando por la herida.

La muerte nos devora una vez más, un déjà vu de pesadilla que socaba rápida y nefastamente con una promesa de paz que nunca fue posible y, en medio de esta nueva ola de ráfagas, desaparecidos asesinatos y bombardeos ¿Cómo garantizar la no repetición a las infancias excombatientes? Siendo este un componente esencial para la restitución de sus derechos y la reparación de su condición de víctimas ¿Qué ideales de democracia podrán abrazar y cuál Estado los va a respaldar? ¿Cómo reintegrarse a una vida civil y política en un país que no define aún su identidad?
El panorama es desesperanzador y, por tanto, las luchas de los pequeños colectivos, la resistencia y la perseverancia de las organizaciones activistas que se han sentado tantas veces en las mesas de negociaciones y que muchas veces están donde el Estado no llega, o incluso la valentía de quienes atraviesan la guerra y encuentran la fuerza de seguir adelante, son razones para creer, pero no es suficiente, sin que de forma simultanea el Estado no asuma el reto político que conlleva la reconciliación, la oportunidad de articular esfuerzos y asumir corresponsabilidades necesarias para el fin de la guerra, sin ello, la paz solo seguirá siendo la tierra prometida de los pobres y dolientes bienaventurados hijos e hijas de Colombia.
Por: Laura Trujillo, Lizyojahida Arzuza & Angie Cárdenas



Excelente analasis de la problematica de la niñez victima de una guerra historica en Colombia . Se necesitan educadores que gesten en las nuevas generaciones conciencia para cambiar nuestra historia .
La realidad de nuestro país muy interesante el artículo
Es la realidad de un paìs que dìa a dìa llora su desgracia! Duele, pero es lo que se vive...y el Estado? Ausente...
Interesante tu artìculo.
Muy interesante este artículo .. ..
Excelente artículo...